Archive for July, 2007

Ainara en Siurana

Hace algunos años me refugié durante unos días en Siurana. Fue el verano del documental “Cuentan los que quedan”; el verano que casi me matan a tiros en un polígono de Montblanc; el verano de muchas cosas. Ainara se vino a refugiar conmigo unos días, también tenía sus razones. 

Una de las noches, junto al salto de la Reina Mora, donde hace ya más de 1000 años, los soldados árabes estaban amontonados con sus caballos vigilando la antigua Siurana, empezamos a ver estrellas fugaces, una, otra, otra… y nunca coincidíamos. Seguro que os ha pasado: “mira, mira!!! las has visto”, “no, no la he visto”… Pero esa sí que la vimos juntos. Empezó en el sur, y se hizo grande, grande. Nos dio tiempo a gritar, a cogernos de los brazos fuertes, a ponernos nerviosos y a imaginar el fin del mundo. Aquella estrella cruzó el cielo convertida en bola de fuego. Con el tiempo pregunté por tal fenómeno y me contaron que pudo ser un pequeño meteorito disolviéndose en la atmósfera terrestre o restos de alguna nave espacial lanzada contra la tierra.

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Sea lo que sea y fuera lo que fuera, Ainara apareció el otro día por Siurana, dispuesta a hacer un concierto íntimo y personal. En un pueblo de apenas 18 habitantes no puedes aspirar a mucho más que hacer algo íntimo y personal.

Aún así nos pusimos las mejores galas, porque a Ainara y a mí nos gusta hacer las cosas con cariño, aunque sea para una sola persona. Así que preparé unos visuales personalizados para la ocasión ya que iba a proyectar directamente sobre la roca del refugio; ella se vistió de negro y tomó una de sus últimas guitarras, una joya de hace más de 50 años. 

“In the mirror” empezó a sonar pausada y dejando a los presentes, unos 30, boquiabiertos. Supongo que no esperaban esa voz resonando en la roca de forma perfecta. Quizás he asistido a 20 o 30 de sus conciertos y nunca había visto niños de 3 a 8 años hipnotizados con una voz, callados durante 40 minutos; parejas atentas intentando descifrar las letras, y abuelitas de 80 moviendo la cabeza lentamente preguntándose quizás de donde han salido estos sonidos folk angelicales que jamás antes han escuchado. Por si acaso, todo el mundo se llevó un disco o dos de la LeGardon. Lo que no saben es que volverá, porque lugares como este no salen en la Rockdelux como Salas de concierto de moda y siempre son los mejores.

Psyco block en la Mora

Son las 12 de la mañana y Toni me avisa que se van a la playa. Pero claro, ir a la playa con Toni quiere decir hacer algo más que tomar el sol. Resulta que van a “La Mora”, una playa de Tarragona que tiene suficiente roca como para practicar un poco de PsycoBlock, una modalidad de escalada que consiste en subir sin cuerda por rocas cerca del mar. Si caes, te mojas, y vuelves a empezar. La agresividad de la roca, por su erosión, te destroza las manos; y el calor hace de estas escaladas una actividad complicada… pero bonita. 

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Cabo de Gata

Un pequeño agujero vacacional aparece en mi calendario de Julio casi por arte de magia. Mis responsabilidades como profesor de universidad se evaporan con la llegada del verano y la parada hasta enero que se ha tomado dzero me dan la posibilidad de marchar unos días hacia el sur.

070702_murcia_road_003.jpgLlego a Cabo de Gata al mediodía. Es de los pocos lugares de Europa que te ofrecen playa y desierto. Empiezo por la playa, una solitaria en Carboneras, transparente y perfecta para hacer un poco de submarinismo. En cuanto veo la primera medusa a un palmo de mi cara, decido salir del agua. El paisaje es casi perfecto: rocas, arena, agua transparente, montañas con aspecto lunar… y un enorme hotel rodeado de monstruos de hierro que han quedado petrificados para siempre. Alguna ley tardía debió paralizar las obras del complejo cuando el constructor ya no tenía dinero ni para tirarlo abajo. Así quedará durante años, seguro.
La guía que llevo sobre mis manos habla de un lugar que llama mi atención: “El Cortijo del Fraile”, allí donde situó Federico García Lorca su obra “Bodas de Sangre”. Me pierdo por caminos llenos de polvo e historias de bandidos hasta llegar al lugar, en el que se respira un ambiente extraño. Sin duda, te castigas por no haber practicado más la lectura en noches de insomnio cuando eras joven y deseas como una rata de biblioteca llegar a casa para leer lo que escribió Lorca y saber qué pasó allí. Se respira paz, una paz extraña, truncada en la historia de la literatura por alguna muerte sangrienta, pero ahora solo pienso en comer.
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Me alejo del interior para ir a recorrer la costa, desde la Isleta del Moro hasta San José y allí encuentro lugar para dormir. Pacífico.
Son las 5 de la mañana y empiezo a oír gritos en un idioma que no es el mío. Me asomo por la ventana y veo un perfecto equipo de rodaje filmando una escena de la película portuguesa. Supongo e intuyo que jamás aspirará a un Oscar ni la veré de estreno en las mejores salas pero a mi me han despertado con gritos del supuesto actor principal.
He conseguido seguir durmiendo y cuando despierto, justo antes de las 9 de la mañana, aparecen Coque y Raquel recién bañaditos. Ya no quedan restos de rodaje alguno y volvemos a estar solos frente a la playa. Aprovecho para darme un baño matutino antes de empezar a dar vueltas a las naranjas para hacer un zumo.
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