Archive for October, 2007

Pisa y St Gimignano

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Firenze

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Cinque terre

Entrar en las Cinque Terre estaba claro después de leer en todas las guías que me acompañan que es una de las zonas más bonitas de Italia y tiene el preciado título de Patrimonio de la Humanidad.

Sé que esa etiqueta es a veces símbolo de bellezas sublimes y otras convierte los lugares en parking de autobuses con cuatro piedras que visitar. Lo que está claro, es que en ninguna de las guías habla de las dificultades que voy a tener para llegar hasta allí.
Se me ha ocurrido viajar por la noche para despertar en este aparente paraíso y empezar el día con energía y ese ha sido mi pequeño error de la jornada. La carretera cada vez se va estrechando más, llenándose de agujeros, lluvia y noche misteriosa. Mi cabeza, que no ha arrancado bien esta mañana por culpa de un mail laboral, no digiere bien el trayecto y cada vez lo veo todo más negro. Cómo puede ser que ante un paisaje tan bonito, natural, puro y no sé que más adjetivos, un solo mail, un único mail que he leído esta mañana haga que vea todo de otra manera? No ha hecho más que empezar la primera semana de esta nueva aventura y ya me doy cuenta de que es imposible desconectar de lo que he dejado en mi tierra para sumergirme en lo nuevo que me ofrece este camino de curvas.
Así que el trazado se va complicando más y más hasta llegar al punto de no tener vuelta atrás. Demasiadas señales de peligro juntas para mis retinas , me advierten que entrar aquí no es fácil, y que salir va a ser todo un logro. En tan solo 50 metros llego a leer: “Atención, carretera peligrosa”; “Prohibido circular camiones”; “Precaución con lluvia”; “Velocidad máxima 30” y para rematar, una que advierte que el ancho de mi pequeño vehículo va a rozar con los cantos por todas partes.
Diferentes señales me obligan a aparcar y me indican que el pueblo es peatonal.

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[...]
Cuando ya todo empieza a parecer repetitivo y mis pies demasiado fríos decido salir de ahí para quitarme de encima la más pronto posible la subidita hasta la carretera principal. Ante el peligro que se avecina decido desconectar todos los tubos del gas; vaciar un poco el depósito de agua para llevar menos peso; guardo todo el material delicado, cualquier objeto que se me pueda caer a la cabeza; preparo mentalmente cualquier operación de emergencia por si las moscas y recuerdo que en mi entierro quiero que suene “the long and winding road”, de McCartney, por favor…
Y de pronto ya está! En menos de 8 minutos estoy flotando entre nubes y árboles otoñales en una carretera preciosa y perfectamente asfaltada mientras voy deteniéndome de vez en cuando para retratar la naturaleza que se me presenta. En cada disparo me doy cuenta de que el miedo es algo incontrolable, absurdo y que nos hace frágiles como un niño. Por la noche, nos transformamos y todo se ve más oscuro, más difícil de lo que es. Las decisiones importantes hay que tomarlas de día, con el sol golpeándote en la cara y el aroma de un buen café entrando directo por tus fosas nasales.

 

Liguria

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Europa durante tres meses… Tarifa, la salida

El viaje ha empezado. Estoy a tan solo 15km de África, en la punta más meridional de Europa en una mañana en la que el sol y la lluvia danzan y me advierten de que voy a tener de todo, buenas y malas experiencias.

Visitar Tarifa en esta época del año es un placer, ya que la cabalgata de surferos se ha marchado en busca de aguas más cálidas y los turistas del chillout vuelven a estar en sus oficinas jugando con la calculadora o al solitario, esperando a que vuelva a salir el sol.
Preparar un viaje, es una mezcla de dudas y miedos que siempre te hacen recordar las primeras acampadas infantiles, en las que la noche antes encendías la luz cada veinte minutos para volver a ver tu mochila preparada en la silla de tu habitación, y hacías listas interminables de cosas que no podías olvidar. Así llevo yo unos cuantos meses, haciendo listas y revisando cosas que no debo olvidar para este viaje-documental que me va a llevar por todo el Mediterráneo.
El sur de España lo atravieso rápidamente, permitiéndome una noche en el Cabo de Gata para aprovechar unos últimos rayos de sol playeros antes de enfrentarme a los fríos bajoceros de Eslovenia. Mañana estaré en Niza o Génova y sentiré de verdad que el viaje ha empezado.

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Madagascar #11 (recta final)

El día amanece nublado, y nuestras intenciones de visitar el lago con la salida del sol se van al traste. Decidimos pues pasear por la ciudad y desayunar con la calma que hace días hemos olvidado.

Llevo el ordenador encima para poder subir a Internet las últimas crónicas pero parece que el sistema telefónico del país ha caído en picado y no va a haber solución. Así que nos conformamos con un desayuno a base de zumo, yogur, café y crepes variadas.
Cuando volvemos al hotel con la intención de recoger las cosas me encuentro con unos portadores de pousse-pousse jugando a una especie de bolos en la calle. Saco la cámara de vídeo y me pongo a grabar. A los 5 minutos ya formo parte del juego y me dejan entrar en el campo de batalla donde las bolas se golpean unas con otras. Me advierten con señas de que un bolazo en la cabeza me la pueda abrir en dos, pero les digo que tengo un ojo en la cámara y el otro en el lanzador, que ya me cayó alguna canica de las metálicas en la cabeza en 3º de EGB.
Durante un rato comparto con ellos su diversión y les acabo retratando en grupo. Al final, como era de esperar, me piden que les de algo de dinero. Entrego a uno de ellos la cantidad que a mi me parece. Un minuto más tarde, desde la habitación del hotel, observo como se dividen el dinero entre todos sin ningún tipo de problema y desaparecen del campo de bolos.

071003_madagascar_28_antsirabe-18.jpgSalimos en un taxibus hacia el lago que se encuentra a 6km de la ciudad para ver qué nos ofrece. Después de un viaje corto, llegamos al destino. Aparentemente no es nada del otro mundo, pero a medida que vamos hablando con la gente voy sacando más y más jugo. Así paso un rato filmando a un grupo de señoras que lavan la ropa en el lago de aguas marrones y a unos señores que juegan a cartas mientras observan de reojo a sus mujeres trabajadoras.
En menos de una hora estamos de vuelta a la ciudad y vamos de nuevo al restaurante italiano. Allí he quedado con los músicos de anoche para grabar unos recursos de audio. Después de comer de nuevo una pizza, esta vez en forma de Calzone, aparecen los dos chavales con una sonrisa de oreja a oreja. Parece que les apetece tocar para mi y que registre su música.
Vamos a la parte de atrás del restaurante, a un patio poco atractivo pero que nos ofrece tranquilidad. Allí, improvisamos un sistema de grabación básico y les pido que toquen las canciones que recuerdo de ayer y que mejor me pueden servir. La última canción la toco yo con ellos y dejo la cámara en el trípode grabando. Así que con ese trío fantástico como broche final, salgo del restaurante en moto para ir a buscar al corredor. Toni ya está con él hace rato.
El entrenamiento es básico, series de carrera continua alternada con descanso al trote. El campeón sobresale por encima de los demás, que corren a buen ritmo, algunos con zapatos, otros descalzos, y es que, como nos cuenta el coach, aquí no hay dinero ni para zapatos y algunos compiten con los pies sobre el asfalto o tierra batida.
Toni se interesa por el sistema de entrenamiento que hacen y en resumen, nos cuenta que alternan correr con natación y un poco de pousse-pousse. La razón de este entrenamiento raro para un corredor es que en el país no existen pesas ni gimnasios, así que la natación ayuda a fortalecer unos músculos, y el carrito portador de personas, otros.

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Después del entrenamiento nos traen un carro para que podamos hacer una entrevista y charlamos con él sobre algunas cuestiones que nos parecen interesantes y relacionables con nuestro proyecto audiovisual.
Cuando acabamos, el entrenador nos pide que a parte de darle algo de dinero le obsequiemos con algún souvenir, así que se nos ocurre darle una de nuestras camisetas de Siurana. Hacemos una foto de rigor para el recuerdo y nos despedimos de ellos.
Un taxi nos lleva hasta la estación de taxibus de Antsirave donde queremos salir hacia Antananarivo, ya que mañana cogemos el avión a casa. Esta vez no estamos de mucha suerte y el vehículo que nos toca no es para turistas ni va vacío. Ya está lleno hasta los topes y quedan dos huecos para nosotros. Además de los 15 pasajeros, encima, en el techo, una gran cantidad de gallinas van a hacer el viaje con nosotros sin protestar.
Casi 3 horas después, llegamos al hotel donde pasamos las primeras noches en la ciudad. Me siento casi como en casa y todo me huele a final.
Estoy cansado como para escribir, así que lo dejo aquí. Supongo, que con los pies en mi Catalunya deseada os contaré como ha acabado todo, si es que ha acabado. Quizás solo ha hecho que empezar, y el pequeño príncipe ha aparecido para volver a desaparecer. Leí una vez que quien pasa un rato a la sombra de un baobab, vuelve a África. Parece que siempre es así, y espero que así sea.
Sobre el libro, físicamente hablando, sabréis más… algún día…

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Madagascar #10 (música en vivo)

Hoy me despierto en Fianarantsoa con la sensación de que esto ya se acaba. Ahora solo nos quedan un par de jornadas y una sola carretera que atravesar.

Nuestro próximo destino es Antsirabe, allí queremos encontrar a un portador de Pousse-pousse muy especial, el campeón de varias pruebas de atletismo de los Juegos de las Islas del Índico. Cuando viajábamos en avión de Tana a Tulear leímos en el periódico su historia y nos pareció atractiva para incluirla en nuestro docu, como un personaje que nos podría aportar algunos puntos de vista, como mínimo curiosos.
Nuestros compañeros de viaje en este trayecto de unas 6 horas son 4 franceses que viajan desde hace algunos días por el país. Entre todos alquilamos un taxibus para ir un poco amplios, y se agradece. Yo, que tengo un día independiente paso todo el trayecto escuchando música y escribiendo lo que ha pasado estos últimos días antes de que se me empiecen a olvidar. Soy como el pececito azul de “Buscando a Nemo” y sufro “pérdida de memoria de corto plazo”. ¿Alguien me deja un mensajito con el nombre del pez? se me ha olvidado.
La carretera está en buen estado aunque llena de curvas. En una de ellas, y en bajada adelantamos a un par de chavales que llevan uno de los carros de transporte que hay por todo el país. Son una especie de carretillas con volante, con ruedas muy rudimentarias, de madera y sin goma, y que circulan por las carreteras. En subida, normalmente lo empujan más de una personas dependiendo de la mercancía. En bajada, en cambio, normalmente un solo piloto baja a toda velocidad.

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Durante el camino hacemos una parada rápida para comer y aprovecho para entrar en la cocina y observar como una señora limpia los granos de arroz y los separa de forma totalmente tradicional.
En la comida se habla de muchas cosas, y una de ellas es nuestro motivo de estar en la isla. Los franceses, que todos conocen a su escritor más famoso se sienten atraídos por nuestra búsqueda y algunos aportan pistas. La chica que viaja en el grupo tiene un ejemplar en malgache, la pieza que buscamos, pero no nos la ofrece bajo ningún precio. De alguna manera ella también es una coleccionista del libro, aunque a menor escala. Nos comenta que lo compró hace varios años y ahora había vuelto a buscar en este viaje y no había visto ninguno. La misma historia de siempre.
Llegamos a Antsirabe mientras cae el sol. Antes que se haga de noche Toni va en busca del atleta mientras yo me quedo esperando en el hotel. Tan solo 10 minutos después de que Toni salga, llaman a mi puerta y un señor bajito me dice que es el “coach” del conductor de pousse-pousse más famoso de Madagascar. Me quedo sorprendido de la efectividad de todo esto y le explico porqué quiero entrevistarle. La semana pasada vino la BBC y ahora ya se empiezan a interesar mucho por él. Como no habla ni francés ni inglés, el entrenador le hace también de representante.
Le cuento la historia del principito por encima y le muestro un ejemplar para que no crea que se me va la cabeza y me estoy inventando el cuento de un niño que viene de otro planeta. Se cree todo lo que le digo y quedamos para mañana a las 4 para cumplir todos nuestros deseos.
Al poco llega Toni que también se ha encontrado al coach por el camino y han hablado de lo mismo. No entendemos cómo se han enterado tan pronto que le estábamos buscando, pero la comunicación sin teléfono móvil funciona perfectamente en esta ciudad.
Después de esta inexplicable efectividad vamos al restaurante italiano que nos han recomendado unos compañeros del viaje. El restaurante ofrece, además de pizzas, música en directo. Un par de chicos tocan guitarra y percusiones mientras cantan a dos voces. Me los quedo mirando un rato mientras me traen las dos pizzas que he pedido para cenar, traigo hambre. Pienso que estaría bien quedar con ellos en un rato de mañana para grabar bien su sonido y poderlo usar en el documental, así que cuando acabamos de cenar les hago la propuesta y quedamos a la 1 de mañana para crear un pequeño estudio de sonido improvisado al estilo malgache.
En la habitación del hotel escribo algunas cosas y retoco fotografías mientras hago copias de seguridad de las cintas de vídeo que he grabado ayer.
El sueño me entra pronto y caigo rendido rápidamente.

Madagascar #09 (en busca del Lemur)

En Madagascar el azar siempre cubre tus necesidades, así que a las 7 de la mañana vamos a la parada de taxis a buscar a nuestros locos fitipaldis de ayer para que nos lleven a un parque nacional a buscar al lemur, un pequeño animalito encantador que hay en la isla en algunos puntos concretos y que queremos filmar.

Cuando llegamos a la estación y ya estamos rodeados de decenas de taxistas ofreciendo sus servicios aparece una sonrisa resacosa por la ventanilla de un 4L. Nuestro chófer de ayer y su hermano están ahí como si supieran que íbamos a llegar en ese preciso momento. Subimos a su coche y les decimos que queremos ir a ver el lemur al parque nacional.

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El hermano lleva una resaca importante y confiesa que no ha dormido en toda la noche. Salió de fiesta y bebió mucho y ahora no quiere ir a casa a dormir. El dinero que ganaron ayer con nuestro servicio urgente en busca del tren les dio un subidón demasiado importante como para no salir a celebrarlo.
Le explicamos con detalles que hoy no tenemos tanta prisa, así que puede conducir por debajo de los 80km/h. Cruzamos la misma carretera que ayer, aunque me llevo una enorme decepción. Ayer eran las 6 de la mañana y los primeros rayos de luz atravesaban el humo que salía de las casas y de pequeñas hogueras en el camino y creaban una estampa que hoy quería retratar. Se nos ha hecho un poco tarde y el sol ya está alto, así que vale poco la pena detener el auto. A pocos kilometros de la ciudad hay una enorme superficie dedicada a la fabricación artesanal de ladrillos. El trabajo es precario pero bien organizado.

Durante más de media hora grabo todo el proceso, empezando por los hombres que crean la pasta al lado del río; los que le dan forma con unas máquinas manuales; los que la colocan a secar en un perfecto mosaico multiforme; las mujeres que cogen los ladrillos secos y los amontonan en su cabeza en grupos de 20 y los transportan hasta el lado de la carretera, donde vendrá un camión y empezaran a cargarlo creando una cadena humana con ladrillos voladores. No falla ni uno, los ladrillos vuelan y los hombres se giran en el momento preciso para cogerlo y lanzarlo al siguiente casi sin mirar.


Llevan el tempo perfecto y cargan el camión rápidamente.
Toni charla con un grupo de mujeres que están descansando y habla con las niñas, les explica que él también tiene una criatura que mañana hace 1 año. Nos sorprende las estaturas de los niños aquí ya que una pequeña de 3 años es tan pequeña o tan grande como Aina.
Después de recorrer las 2 horas de camino que nos separan del parque nacional y reserva de la biosfera estamos preparados para ver al lemur, este animal que es una mezcla de ardilla y mono y del cual hay varias especies. Tras pagar el precio de la entrada y el guía obligado, unos 30 euros (tarifa casi de parque de atracciones) empezamos a caminar. Le digo a Toni que transmita al guía que solo queremos filmar lemur y que se ahorre toda la explicación del ecosistema de Madagascar, de las subvenciones que recibe el parque y la cantidad de animales que hay. Un minuto después estamos oyendo durante 10 minutos que hay 300 tipos de arañas, 4 de lemures, no se cuantos de reptiles… el guía tiene el sermón aprendido y está obligado a recitarlo. No es que sea un inculto y no me importe el parque, pero es que hay una hora de camino hasta los primeros lemur y hemos recorrido demasiado para verle, toda la información la puedo leer en una guía.


Andamos por este bosque de clima tropical húmedo. Notamos una enorme diferencia con todo lo que hemos visto. El bosque es frondoso y resbaladizo. Hay barro por todas partes y la paleta de colores se reparte entre los verdes y marrones. Después de los primeros 45 minutos andando el guía nos dice que guardemos silencio, que parece que hay un lemur en un árbol. Toni y yo nos acercamos, saco el material poco a poco e intento grabar en la dirección que señala nuestro experto biólogo. Un pedazo de pelaje marrón está a unos 100 metros de mí, subido a lo alto de un árbol tapado por cantidad de ramas. La cara de satisfacción del guía me confunde y transmito a Toni que eso no sirve de nada. No somos zoólogos ni turistas conformistas, quiero una escena de Toni con los lemures para incluirla en nuestra pequeña película. Al igual que el pequeño príncipe habla con el zorro, quiero que él charle con este animalito simpático, pero creo que una vez más mis ideas se esfuman como los sueños de Exupéry.
Después de andar un buen rato más aparecen entre los matorrales dos jóvenes rubios armados con un teleobjetivo más grande que todas mis ópticas juntas y un pequeño kit de acuarelas. Intuimos que hay un lemur cerca, así que nos acercamos y miramos donde enfoca la lente del reportero. Allí, en lo alto de un árbol, en un pequeño agujero hay un lemur durmiendo. La especie que hay en este bosque es sobretodo la dormilona así que parece que hemos llegado a la hora de la siesta. El animal está hecho una pelota de espaldas a nosotros así que una vez más nos sirve de poco. Toni pregunta a los guardas si puede subir al árbol, le responden que no, pero él les dice que “gracias” y empieza a trepar hasta llegar a la altura del perezoso animal. En cuanto éste le oye se gira y abre los ojos, la cámara del fotógrafo alemán empieza a disparar como una metralleta. El dibujante coge el pincel y empieza a mezclar colores como un Dalí en sus momentos de inspiración y me doy cuenta que eso eso debe ser un gran acontecimiento en este precioso bosque tropical. Toni y yo acortamos la ruta para salir de ese negocio para turistas y planteamos bajar hacia el sur de nuevo a Ambalavao donde Toni ya ha estado y pudo ver un grupo de lemur Cata en libertad absoluta.

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Recorremos de nuevo las dos horas de coche hasta Fianarantsoa para pasar por el hotel a buscar los pies de gato de Toni para que pueda escalar junto a los animales.
Por el camino encontramos un millar de hombres hormigas que a pico y pala están cavando la zanja por donde pasará la fibra óptica. No he visto en todos estos días una sola excavadora ni taladro, todo se hace a mano a ritmo pausado. En el bullicio de los trabajadores aparece una gorra que llama mi atención y la enfoco. El icono Che Guevara está presente aquí también, cubriendo el sol del mediodía a un trabajador más que hace un agujero sin saber jamás para que servirá.

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En la puerta del hotel, mientras espero que Toni coja su equipo de escalada un señor con una cafetera futurista ofrece bebida caliente a mis conductores. La cafetera gigante es toda una obra de ingeniería creada a base de latas de leche condensada y totalmente funcional.
Ya es tarde y estamos bajando hacia el sur, el sol se está escondiendo entre unas nubes y me da miedo llegar demasiado tarde. Volvemos a pedir al chófer que diga a Kit que ponga el Turbo y antes de empezar a rozar las cunetas un policía nos detiene. Estamos de suerte, es el poli que hace 15 días, antes de que yo llegara a la isla, hizo que Toni pasara 9 horas en un calabozo por no llevar el pasaporte encima. Le reconoce mientras mira los papeles del conductor de nuestro coche y le dice “hombre, tú por aquí, es la tercera vez que te veo”. Toni le dice que si, que vamos a ver lemures y le enseña su pasaporte. El ayudante del comisario también reconoce a Toni y se ríe. Mis cámaras están escondidas disimuladamente entre mis piernas y debajo del forro polar para evitar sustos.
Parece que todo está bien con la documentación del auto y seguimos el viaje. Antes de cruzar el pueblo otro control de policía nos detiene de nuevo. Esta vez el agente nos dice que algo no va bien, pero nuestro chófer le dice que tenemos que llegar a grabar lemures antes de que se esconda el sol. Este profundo argumento convence al oficial y nos deja seguir mientras dice “a la vuelta lo arreglamos con algo de dinero”.

Llegamos al pie de la montaña cuando el sol está a punto de desaparecer. Salgo del coche con el REC en marcha y empiezo a correr hacia las rocas. El entorno es, una vez más, diferente a todo lo que hemos visto. Grandes rocas y montañas nos rodean, el color de la tierra es marrón y la vegetación mucho más seca de lo normal. Este país tiene gran variedad de ecosistemas y cada poco crees estar en un lugar diferente.
Un grupo de chavales está en la puerta de su casa y me detengo un instante con ellos, parecen los guardianes de las montañas y le doy algo de dinero a una pequeña malgache. No me gusta nada repartir ariaris a la gente pero esta vez no lo puedo evitar. La pequeña ha llorado mucho al verme y debo compensarla. Como un abrazo le asustaría más y no le puedo decir gracias en ninguna lengua que nos una, un pequeño billete la convence de que no le voy a hacer nada con esos aparatos que llevo.

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Solo tenemos que andar unos metros para empezar a ver lemures por todas partes. Aquí, sin la etiqueta de “parque nacional” la naturaleza nos ofrece la escena que llevábamos buscando desde las 6 de la mañana y ya han pasado casi 12 horas. Claro que también es verdad que grabar animales es una ciencia que requiere calma y disciplina, y yo aún no he aprendido a utilizar esos dos términos.
Aquí, el tipo de lemur que hay, además es mucho más bonito que el que hemos visto esta mañana, de color blanco y con la cola rallada se acerca hasta nosotros sin ningún problema para darnos la bienvenida. Toni empieza a subir a los árboles para observar de cerca sus técnicas de escalada y poder aprender algo. Así que durante casi una hora los animalitos y el escalador corretean entre rocas y plantas exhibiendo sus mutuas disciplinas deportivas.
Salimos del bosque con la sensación de tener lo que buscábamos y volvemos al 4L para buscar de nuevo los últimos rayo de sol que apuntan a una roca a unos kilometros de distancia. Es la hora de la salida del colegio y un grupo de unos cincuenta chicos se acercan donde Toni esta empezando a escalar. Para ellos es algo extraño ya que armado solo con unos zapatos y pantalón, el hombre blanco trepa por una pared sin un solo agujero.

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071001_madagascar_26_ambalavao to fianarantsoa_031.jpgAprovecho la ocasión para fotografiarles y hacerme una foto con ellos antes de que caiga el sol y arrancamos hacia Fianarantsoa antes de que sea demasiado tarde.
En el camino nos saltamos el control de policía que esperaba algo de dinero con un saludo desde la ventanilla, pero el segundo control nos detiene de nuevo. Pregunto al copiloto si todo va bien y me dice que sí, que el policía es amigo y su hermano solo ha bajado a charlar con él. Como tengo el culo tieso y las rodillas a punto de reventar de mantener la misma postura durante tantas horas aprovecho para bajar y estirarme un poco mientras veo por la puerta de la caseta de la gendarmerie entreabierta como el chófer recoge sus papeles de conducir y entrega un fajo de billetes a su agente amigo. Entra en el coche y nos dice que ya podemos seguir. Eso es “amistad” en Madagascar.
Llegamos de nuevo al hotel y nos preparamos para dormir, ya nos hemos acostumbrado al horario de aquí y las 8 de la tarde es buena hora para plantearse cerrar los ojos y esperar a que el sol te despierte de nuevo.
Mañana viajamos hacia el norte, ya en dirección a la capital donde nos quedan los pocos recursos para encontrar al “Principito”, aunque cada vez voy teniendo más la sensación de que ya lo hemos encontrado.. pero ya os lo contaré.