Una de las cosas más bonitas que me contaron en mi viaje a Madagascar es que en algunas regiones las casas se construyen con tierra de la zona, así cuando se abandonan, la tierra vuelve a fundirse en su espacio original.
Me pareció algo poético, bello, ecológico, romántico… Nosotros, abandonamos nuestras casas, fábricas, edificios… y ahí quedan para siempre, repletos de hierro, hormigón, maderas y plástico.
En este viejo garaje abandonado en un pueblecito de Francia, he encontrado 4 marcos para fotografías antiguas, mezclados con un montón de escombros para quemar. Se estaban empezando a descomponer por la humedad. Quiero restaurarlos, y poner fotografías de la zona. Ese será mi pequeño homenaje a la cultura malgache que tanto admiro.



























