Hoy he recuperado esta vieja fotografía del Pedraforca.
Tengo ganas de volver a subir a su cima, de sentir ese aire frío en la cara, de dormir clandestinamente a sus pies, de bajar como un niño pequeño por las piedras…
Durante la fiesta, casi siempre acompañada de música de gralla y tambores los diables hacen figuras de fuego o corren detrás de los asistentes al evento. Los temidos van vestidos con trajes que hacen de disfraz a la vez que les protegen del fuego. Estos que veis aquí son los de Hospitalet de l’Infant, en Tarragona durante la Fira Medieval de la que os hablé en el post anterior.
Fotografiar los Correfocs no es demasiado fácil, pero como todo, con práctica y paciencia se empiezan a obtener resultados agradecidos. Lo bueno que tiene el evento es que es cíclico, así que podemos probar, corregir, probar, corregir… eso sí, la intensidad del fuego cambia tanto que el fotómetro de nuestra cámara no va a ayudar demasiado. La luz se concentra en algunos lugares y el entorno suele estar totalmente a oscuras, así que como casi siempre, recomiendo tirar en modo manual. En las fotos que veis aquí he jugado con una velocidad de obturación extremadamente lenta para captar las chispas con movimiento y he ayudado con un golpe de flash externo para congelar el movimiento de los personajes. Aún así, podéis ver un pequeño halo de movimiento a su alrededor que añade un poquito de dinamismo a las fotos. El foco lo he hecho de forma manual también porque la cámara en condiciones de luz tan difíciles como esta no sabe donde enfocar y la acción habría acabado y tendríamos a nuestra querida cámara moviéndose adelante y atrás buscando algo donde agarrarse. He calculado una distancia media de 2 o 3 metros a los personajes y he disparado sin miedo!
Hoy el sol se ha despistado con el cambio horario y no ha querido aparecer mas que algunos instantes tímidos… pero no nos ha importado, hemos sabido jugar con el dramatismo de los cielos de montaña y hemos desayunado escondiendo nuestras cámaras de las gotas de lluvia y repasando ISO’s, diafragmas y velocidades acompañados de un café calentito.
Si miro el mapa de Catalunya norte descubro que he estado aquí anteriormente esquiando en Boi-Taüll, o haciendo descenso en patines por la Vall Fosca, incluso haciendo esquí de fondo entre iglesias románicas, pero nunca había venido en verano para descubrir la gran cantidad de riachuelos, lagos y senderos que pueblan este paraje.
Como no hay mejor manera de empezar un fin de semana que comiendo, voy directamente al Merlot, en Vic, uno de mis preferidos en cuestión de gastronomía. Si vas, no pidas carta, directamente haz que traigan embutidos y queso, lo demás viene solo. El lugar no tiene ningún misterio, un pequeño localcito decorado con radios antiguas y relojes de época; al fondo, las brasas siempre encendidas y controladas por un señor mayor. Su esposa te dará la bienvenida apoyándose en alguna mesa, pues apenas puede caminar. Come cuanto quieras, al final, pesarán la que has cortado y solo pagarás eso. Es lo que se dice economía culinaria, nadie tira nada, nunca hay restos. Si hay más gente en el restaurante y alguien ya va por los postres mientras tú aún te debates entre el fuet o el queso, verás la performance que acompaña al postre estrella de la casa, y que no podrás evitar pedir cuando llegue el momento. No te describiré en qué consiste, pues de simple que es, pensarás que no vale la pena pasearse por el carrer Gurb de Vic y buscar el Merlot. Para dormir escojo el solitario Castell de Orís, a tan solo unos kilometros, cerca de Torelló. Hay un parking de tierra tranquilísimo donde no suele haber nadie y a unos 100 metros una fuente donde coger agua, así que autonomía absoluta para pasar allí un par de días y recorrer algunos senderos, subir al castillo a disfrutar de las vistas, o tumbarse a la sombra de los árboles… buen fin de semana!
Cargué la furgoneta para 5 días de viaje en busca de ese equilibrio entre el mar y la montaña, el calor y el fresco, el verde y el azul del que me han hablado Miquel, Gloria y los demás amigos que viven por esa zona.
Mi primer destino será Pals, un pequeño pueblo de interior cargado de historia. La suerte de viajar en jueves y en mayo es que no encuentras turistas, así que el pueblo es mío. Compruebo rápidamente que está todo perfectamente arreglado. Cada baldosa está en su posición correcta y no consigo ver un solo cable de teléfono colgando de una casa. ¿No os pasa nunca? ves un pueblo precioso, una fachada encantadora con sus enredaderas… y cuando vas a disparar la foto no sabes por donde encuadrar: te aparece el cajetín de Fecsa y el poste de teléfono. Pues aquí no pasa. Aún así, el pueblo de tan perfecto, parece la nueva sección del Port Aventura: “la zona medieval”. Como tengo una montaña de revistas por leer me siento en un bar de pueblo a tomar un café, 1’20€. Media hora más tarde tomo otro café en el centro del pueblo, en una terraza modernizada al más puro estilo Ibiza donde anuncian SANGRÍA en grande: 1,70€ y ni tan solo puedo sentir el gusto del mejor café de Brasil en mi paladar porque la cucharilla venía integrada en el sobre del azúcar y el vaso es de plástico. Miquel, no te enfades, tu pueblo me ha encantado.
Veo una casita pequeña en el centro, vieja, de piedra y se me ocurre llamar a la agencia anunciante para preguntar el precio. La chica me informa amablemente que son 180m2 de casa aunque no lo parezca y que el pueblo es precioso. Le confirmo que el pueblo es precioso pero que quiero saber el precio. 1.450.000 euros. ¿Alguien sabe cuanto es esto en pesetas? Porque claro, nos hemos acostumbrado al euro, pero a que una casa valga tanto yo no me he acostumbrado, así que recojo mis cosas y me voy a Palafrugell a buscar caravanas para hacer de una de ellas mi vivienda. La chica me enseña unas cuantas caravanas, desde 1000 euros hasta 4500. Algunas no pasarían la ley de la vivienda pero como yo no soy exigente y no la voy a plantar en el centro de Plaza de Catalunya, me da igual. Me gustan 3, las vuelvo a mirar. El mundo de las caravanas es un punto y a parte. Entras en esos miniespacios habitados por guiris alemanes, por familias campistas de Badajoz y huelen a vino tinto, a tortilla de patatas y a primeros besos de verano con 12 años. Me apunto las referencias y lo de siempre “me lo pienso y os llamo el lunes”. Salgo de allí con la idea de haberme comprado una masía de 4 metros cuadrados en el Empordà.
Este pueblo que vio nacer el cubismo en manos del maestro Picasso alguna tarde a principios de siglo.
El domingo es el día más importante del calendario de este pueblo. A los pies del monte de Santa Bàrbara aparece el convento de Sant Salvador, el santo que hizo brotar un agua milagrosa a los pies de la montaña.
Triste, solo, seco… en momentos me ha recordado al Cabo de Gata, incluso a México. El sol ha salido pronto y la furgoneta lo ha recorrido de punta a punta, desde El Fangar hasta el Trabucador, pasando por El Poble Nou, Sant Catles, Ampolla, Amposta, Riumar… donde un grupo de guiris que descansaban del Port Aventura han aparecido allí no se sabe muy bien cómo dispuestos a recorrer el Delta en barco, una actividad que dejo para otro día. En mi camino, un tronco náufrago de algún bosque cercano sin raíces pero amado por cientos de seres marinos y un hormiguero perfecto decorado por alguna hormiga despistada con un trozo de almeja.