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Carreteras secundarias… en Soria

De vez en cuando me encanta salirme de las autovías, de las autopistas, incluso de las carreteras nacionales y hacer pequeños trayectos por carreteras secundarias.

En mi vuelta a casa desde Torralba de los Frailes decido desviarme hacia el Cañón del Río Lobos, en Soria. Está lloviendo, así que no puedo pasear por los cañones, pero recorro sus carreteras, sus pueblos perdidos, desayuno unas pastas de la zona… y sigo mi viaje.

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Fiestas de San Blas

Un año más, al llegar febrero, los amigos de la ONG PRADA nos reunimos en Torralba de los Frailes para celebrar con los vecinos la festividad de San Blas. Esta vez he hecho 900 km para llegar hasta aquí, y pasar ratos de frío, de chimenea, de calçots, de charlas eternas, de baile…

Cada vez que cruzo el letrero de Torralba de los Frailes tengo la sensación de que ahí pone Bienvenidos a casa, porque este pequeño pueblo me lleva recibiendo desde hace diez años. No importa que llegue en verano, en primavera, en febrero… sus tierras siempre son hermosas y sus campos blancos por la nieve, teñidos de amarillos girasoles o pintados del marrón de la tierra son tan fotogénicos que siempre, siempre, tengo alguna excusa para alejarme un poco por la carretera y llevarme una imagen más para mi colección. Esta vez, además, me reencuentro con mi amigo Juan Sisto, al que hace mucho que no veo.

Llego el viernes, al mediodía, la casa no está fría como otras veces, Adoración nos ha encendido la chimenea para que al llegar, tengamos la sensación de calidez que ahora nos acompaña. Aparcamos nuestras casas sobre ruedas a la entrada y vamos a visitar a nuestra vecina para darle las gracias. Le traigo mermelada de kiwis, porque sé que aquí no tienen, ella me regala mermelada de calabaza, que ha hecho hace unos días, improvisando, porque aquí no puedes consultar recetas por Internet. Pero Adoración lo hace todo a ojo, y acierta, porque si vierais sus ojos sabríais que ella, y solo ella puede acertar en todo lo que haga. Poco a poco, y durante la tarde van llegando el resto de amigos, desde Madrid, desde Barcelona, Italia… y nos vamos abrazando, y descargamos comida, y bebida… porque todo el que llega, trae el coche lleno de cosas para compartir. La primera noche de las fiestas de San Blas, casi nunca vamos al baile. Tenemos tantas cosas que contar desde la última vez que nos vimos, que siempre se hacen las tantas de la madrugada al lado del fuego. A unos hace años que no veo, a otros desde este verano, cuando pasé aquí unos días, a otros no les he visto nunca… y así, poco a poco vas cambiando de silla y de conversación…

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Es sábado y el sol brilla con fuerzas aunque hace frío. Decidimos bajar al Río Piedra, a pasear. El río, casi siempre seco, baja lleno, tanto que no podemos caminar todo lo que quisiéramos porque el camino está cortado. Los perros disfrutan de lo lindo corriendo arriba y abajo, el pequeño Nanook se queda dormido colgado a mi pecho. Llega la hora de la comida, y con ella, la popular calçotada. Cada año es igual, y me encanta. La discusión sobre el mejor sistema para hacerlos; la inquietud de los nuevos por saber de dónde salen esas “cebollas”; la explicación de la técnica para comer… Este año, los calçots están especialmente buenos, y el sol acompaña, de manera que los veinte que nos hemos juntado disfrutamos mojando en la salsa y comiendo unas ricas butifarras. A la hora del postre, Adoración aparece con el tradicional roscón bendecido por San Blas que acompañamos del café y unas botellas de  orujo que he traído de Galicia.Torralba no sería Torralba sin las ovejas, esa imagen romántica del pastor caminando por campos de girasoles al amanecer… pero tener ovejas es duro, muy duro, y hoy acompañamos a los Aranda a una de las parideras a ver las recién nacidas. El sol se esconde, la temperatura baja en picado, es hora de volver a casa, de volver al lado del fuego y no moverse de allí hasta la hora de dormir.

El final de la subasta marca el acto más importante de esta fiesta tradicional que se viene celebrando desde, como mínimo 1838, año en que se funda la Cofradía de San Blas. El acto es muy curioso, y tiene lugar en la pequeña sacristía de la Iglesia. El que fue “santo” el año anterior pasa lista a los posibles candidatos, siempre mozos, solteros y que no hayan sido “santos” anteriormente. Una mano inocente saca el papelito con el nombre del elegido, y en cuanto lo dice, el interior de la sacristía, donde solo un puñado de afortunados puede entrar, se convierte en una fiesta de abrazos, llantos, gritos, besos y emociones que se contagian. El afortunado grita un “Viva San Blas” con toda sus fuerzas. Algunos han esperado muchos años hasta que les ha tocado, otros, jamás han sido elegidos y esperan que sus hijos o nietos tengan mejor suerte. Es hora de salir a la calle, para que el pueblo conozca al portador del santo. La banda empieza a tocar. La gente empieza entonces a recordar anécdotas del pasado que pasan rápidamente de boca en boca: el año en que su padre fue santo, la historia del abuelo, lo que le sucedió a un hermano suyo hace años… son historias que se escriben en el libro que tiene más de dos siglos y que se custodia como uno de los mayores tesoros del pueblo. Durante un buen rato la gente danza alrededor del santo en la plaza de la Iglesia. La multitud lo quiere tocar, ya que a él se le atribuyen poderes sanadores de enfermedades de garganta y del sistema respiratorio. La tradición dice que hay que agitar al santo arriba y abajo con fuerza, y así lo hace todo el que le consigue quitar durante un rato la figura al protagonista de la jornada. Empieza entonces el pasacalle, que se alargará durante horas y horas. Los vecinos empiezan a sacar botellas de anís y licor, galletas de todo tipo que reparten los niños… son las 2 de la tarde pero nadie irá a su casas porque hoy, fiesta de San Blas, uno se olvida hasta de que es la hora de comer…

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Oporto y su río de oro

Pasear por las calles de Oporto es viajar al tiempo en que tus padres eran unos melenudos y se movían en Seiscientos.

Es sábado, y sigue lloviendo en la aldea. Decido probar suerte en Oporto, en la vecina Portugal. Salgo pronto y recorro despacio los cientos de curvas que me sacan de estos montes donde vivo. Dejo atrás Vilanova de Cerveira, Viana do Castelo… y llego a esta gran ciudad, llena de contrastes. Oporto te puede enseñar su cara más moderna y contemporánea con festivales de verano, escuelas de arte, boutiques con lo último en tendencias… pero también te puede transportar al pasado más cercano. En esta ciudad puedes sentir que has viajado al tiempo en que tus padres eran unos jóvenes melenudos que se movían en un Seiscientos. Las calles cercanas al río están repletas de carteles que llaman la atención. En una tienda venden acordeones de italianos de importación, en otra zapatillas de estar por casa, ropa usada… los escaparates, las fachadas llenas de azulejos de colores, la cara del dependiente, la suciedad en el cristal, todo es un espectáculo y una explosión de autenticidad, tanto que cuando ves una tienda moderna con jóvenes fabricados en serie y uniformados te preguntas qué habremos hecho mal los seres humanos para acabar comprando todos salsa de tomate, pan y gel de baño en el Mercadona. Río Duero que llega al mar en esta ciudad después de un largo viaje peninsular. Río Duero, dorado al llegar a Portugal y llamado aquí Douro. Río que da vida y que me invita a comer junto a él en un pequeño restaurante donde presumen de hacer el mejor pulpo al horno. Río Douro, pues, que me regala, por fin, una tarde de sol para recorrerlo observando las gaviotas, los barcos que lo recorren, las bodegas al otro lado, las parejas que se abrazan…Vuelvo a casa con la sensación de haber viajado, aunque solo haya sido por unas horas, porque he viajado en el tiempo.

Filloas en Baiona

El domingo por la tarde me demuestro una vez más que a veces, cerca de casa, tenemos lugares y actividades interesantes de las que disfrutar.

En Baiona se celebra cada año la “Arribada” en la que se conmemora la llegada de la carabela “La Pinta” a su puerto para dar la noticia del “descubrimento” de América. La ciudad se convierte en un gran mercado medieval, y uno de los rincones en los que pasé un rato fue delante del puesto de filloas una especie de crepes de estas tierras. Me quedo un rato escogiendo potes de mermelada casera y charlando con el chef, capaz de freirlas de 12 en 12. Todo un arte!

Otoño-invierno en Andorra

El Ministerio de Educación andorrano me ha invitado a dar unas clases a sus profesores de Instituto, así que me he subido con la casita, y después de las obligaciones pedagógicas me he calzado las botas de montaña.

Hace unos días estaba dando la bienvenida al otoño en Francia, y ahora, tengo la sensación de estar en pleno invierno, con la calefacción encendida por las noches, durmiendo a más de 2000 metros de altura y quedándome sin respiración en mi caminata matutina antes de que el sol asome por el Pic d’Arcalís. Volveré a Andorra, a buscar el mítico pack de azúcar, mantequilla y galletas porque con tanta belleza, lo he olvidado.

Islas Cies, a mellor praia do mundo

Me he olvidado el teléfono en el coche, y el coche está en el taller. Es fin de semana, así que no lo podré recuperar hasta dentro de 3 días, pero no me importa, estoy subido en un barco que me lleva a las Islas Cies, no quiero teléfonos ni ordenadores.

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Aigüestortes

¿Cómo puede ser que no haya estado antes en este Parque Natural?

Si miro el mapa de Catalunya norte descubro que he estado aquí anteriormente esquiando en Boi-Taüll, o haciendo descenso en patines por la Vall Fosca, incluso haciendo esquí de fondo entre iglesias románicas, pero nunca había venido en verano para descubrir la gran cantidad de riachuelos, lagos y senderos que pueblan este paraje.

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Durmiendo en St. Genís d’Orís

Este fin de semana, por órdenes del guión, aparezco en Torelló (Osona).

Como no hay mejor manera de empezar un fin de semana que comiendo, voy directamente al Merlot, en Vic, uno de mis preferidos en cuestión de gastronomía. Si vas, no pidas carta, directamente haz que traigan embutidos y queso, lo demás viene solo. El lugar no tiene ningún misterio, un pequeño localcito decorado con radios antiguas y relojes de época; al fondo, las brasas siempre encendidas y controladas por un señor mayor. Su esposa te dará la bienvenida apoyándose en alguna mesa, pues apenas puede caminar. Come cuanto quieras, al final, pesarán la que has cortado y solo pagarás eso. Es lo que se dice economía culinaria, nadie tira nada, nunca hay restos. Si hay más gente en el restaurante y alguien ya va por los postres mientras tú aún te debates entre el fuet o el queso, verás la performance que acompaña al postre estrella de la casa, y que no podrás evitar pedir cuando llegue el momento. No te describiré en qué consiste, pues de simple que es, pensarás que no vale la pena pasearse por el carrer Gurb de Vic y buscar el Merlot. Para dormir escojo el solitario Castell de Orís, a tan solo unos kilometros, cerca de Torelló. Hay un parking de tierra tranquilísimo donde no suele haber nadie y a unos 100 metros una fuente donde coger agua, así que autonomía absoluta para pasar allí un par de días y recorrer algunos senderos, subir al castillo a disfrutar de las vistas, o tumbarse a la sombra de los árboles… buen fin de semana!

Norte de España

La temporada de verano de conciertos empieza y la autocaravana viaja hacia Catalunya. Para que el viaje no sea tan duro pido a Coque y a Marc que me acompañen, y ya puestos, decidimos que el viaje Galicia-Catalunya dure 5 días.

Recojo a Marc tras un madrugón importante en el aeropuerto de Santiago. Son las 6 de la mañana. No hay ningún destino concreto. Seguramente sea el viaje menos organizado de los que he hecho, pero el viernes tengo que estar en la universidad a las 12. Es el último día de tutorías y mis alumnos no perdonan. Decidimos empezar por la playa de las catedrales, al norte de Galicia haciendo frontera con Asturias. Tenemos la suerte de llegar con marea baja y podemos pasear por la arena contemplando las formas caprichosas que la erosión ha dejado en las rocas. A partir de aquí, empezamos a llamar por teléfono a hermanas, cuñados y amigos para que nos recomienden sitios. En menos de una hora tenemos un plan inicial de ruta, así que nuestro siguiente destino son los Picos de Europa.
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Parada obligatoria en Cudillero, un pequeño pueblo pescador que aún conserva su encanto y que “farda” de ser un lugar de cine. Seguimos hasta Cangas de Onís, la primera gran población antes de los Picos. Repostamos algo de comida, sobre todo carne de la zona, y nos adentramos en las montañas. Curvas, curvas y mas curvas entre el verde y el aire limpio. Improvisamos hacia Arenas de Cabrales y tomamos una pequeña carretera que lleva al Funicular que sube al Naranjo de Bulnes.Es pronto y salimos a pasear con Coque, después de encontrar un perfecto lugar para la pernocta, junto a unos ingleses. El paseo se alarga por culpa de unas cabras que se nos cruzan en el camino y amenazan con clavarnos sus cuernos. Salimos de allí disimulando, como si los pobres animales fueran una banda de delincuentes juveniles. A primera hora de la mañana subimos a Bulnes con el funicular y paseamos por el encantador pueblo que da nombre a esta montaña tan conocida entre los amantes de la roca.

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Charlamos con otros caminantes y yo cruzo unos minutos con Eugenia, (así es como decido bautizarla porque no le pregunté el nombre) una señora que me cuenta que tan solo viven 4 personas en el pueblo. Me explica de que viven, como hacen para tener alimentos y lo duro que es el invierno. Pero es feliz allí, tiene una casa en Oviedo y no va hace años. Marc y yo decidimos bajar andando de nuevo hasta la auto, a pesar de tener billete de vuelta en el funicular.

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El paseo de algo más de una hora al lado del río nos regala conversaciones y unas galletas infantiles. Tielve y Sotres son los siguientes pueblos donde paseamos antes de dejar los Picos de Europa y dirigirnos hacia los valles vascos y navarros. Vera de Bidasoa, Elizondo, Ochagavía, Isaba y Roncal son el recorrido de hoy. Montañas llenas de curvas a velocidad lenta; paradas técnicas para fotografiar de vez en cuando; peregrinos que no pueden caminar más y a los que acompañamos hasta su siguiente destino… y al final… la autocaravana clavada en el barro! Gran momento. La que tenía que ser la tarde tranquila y relajada se convierte en 2 horas de trabajo de pico y pala para sacar los 4000 kilos de la hierba y el barro. Como siempre, probamos todas las técnicas existentes, pero acabamos subiendo las ruedas una a una con los gatos e introduciendo unas tapas de alcantarilla que encontramos. Esta noche dormimos planos.La mañana empieza accidentada. El esfuerzo de ayer pasa factura a la auto que marca una avería en el sistema de aceite y otro en la válvula del turbo. Zigzagueamos a velocidad lenta hasta el taller en Jaca y ponemos una solución temporal para poder llegar a nuestro destino.A pesar de la avería, el camino recto parece aburrido y nos desviamos hacia Riglos, pueblecito de Huesca al pie de una de las montañas clásicas de la escalada de principios del siglo pasado.

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No se me olvida aquel “Al Filo de lo Imposible” de mis 15 años, en el que se veía a Rabadá y Navarro entrenando en Riglos para la ascensión que les costaría la vida en el Eigger. Huele a final de viaje pero aún quedan unos cuantos kilometros, así que avanzamos una hora más, hasta llegar a un extraño lugar, uno de esos que con la luz del día no te dicen nada, pero al caer la noche cobran vida y nos regalan momentos como este de la primera foto…

Costa da Morte

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