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Cielo de estrellas en el Monte Aloia

Hoy el día ha arrancado gris y frío, pero poco a poco la tarde ha ido pintándose de azul y he encendido la nueva chimenea por primera vez. Al caer la noche, la he dejado prendiendo troncos de manzano mientras subía por el Monte Aloia, haciendo zig zags por sus múltiples curvas, buscando el punto más alto en el que casi pudiera tocar las estrellas. Y casi lo consigo. No todos los días permanecen grises hasta su fin, y a veces, nos vamos a la cama con un beso de amor como el que yo he recibido de Nanook al decirle adiós por unos días.

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Acababa de amanecer un día gris y frío, enormemente gris y frío, cuando el hombre abandonó la ruta principal del Yukón y subió la loma por donde un sendero apenas visible y escasamente transitado conducía hacia el este entre bosques de gruesos abetos. La ladera era muy pronunciada, y al llegar a la cumbre el hombre se detuvo a cobrar aliento, disculpándose ante sí mismo el descanso con el pretexto de mirar el reloj. Eran las nueve en punto. Aunque no había en el cielo una sola nube, no se veía el sol ni se vislumbraba siquiera un destello. Era un día despejado y, sin embargo, cubría la superficie de las cosas una especie de manto intangible, una melancolía sutil que oscurecía el ambiente y se debía a la ausencia de sol. El hecho no le preocupó. Estaba hecho a la ausencia de sol.

Fragmento de “El fuego de la hoguera” de Jack London.

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Bienvenidas ovejitas

Hoy, mientras preparaba el café y notaba como el sol atravesaba los cristales de la entrada de mi casa he oído, como cada mañana, las ovejas saliendo del corral…

Entre el grupo de lanudas he podido distinguir cómo balaban algunas más jóvenes. Al asomarme he podido contar hasta 9 recién nacidas y he salido a saludarlas, a ellas y a mis vecinas. En todas las fiestas no he estado en Galicia, y parece que la familia ha crecido. Lo más tierno de todo es que el día que yo cumplía 35 años, casi a la misma hora que yo nací, aparecieron 3 pequeñas, las últimas que han nacido este año. Aquí os dejo con ellas… estoy deseando que llegue el fin de semana y darle un palo a Nanook para que juegue a ser pastor…

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Hoy no es día de faenar…

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Cometa de mayores

Día de paseo con Nanook, día gris, día de viento y salitre. Un buen día para que los más mayores vuelen sus cometas, ya llegará el momento de hacerlo con el pequeño.

Invierno

Ha empezado el invierno.

Como no tengo tele, ni escucho jamás la radio y leo el periódico una vez a la semana no he tenido notícias del eclipse de luna ni de que coincidía la luna llena con el cambio de estación… así que paseando por algunos blogs que admiro ha sido cuando tantas fotos del acontecimiento me han hecho conocer la notícia. Y nunca es tarde para salir al jardín y hacer una foto. Porque la luna siempre es hermosa.
Bienvenido invierno.
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Voces Femeninas 10

Un año más los amigos de Coconut nos regalan una noche de Voces Femeninas… este año con Jesca Hoop, Sharon Van Etten y Azure Ray…

Morning in Morgadans…

Las mañanas empiezan a ser frías, muy frías en la aldea…

…la hierba del jardín se despierta llena de nieve (como dicen aquí)… y cuando el sol aparece el espectáculo comienza…

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Balmorhea…

No quiero decir que el concierto de Balmorhea ha sido el mejor de mi vida, no. Diré que fue uno de los mejores.

Solo me había pasado una vez y volvió a suceder: la mano en el disparador durante más de un minuto, la sensibilidad correcta, la velocidad de obturación justa para captar el movimiento de sus manos, la abertura máxima para dejar entrar la poca luz de la sala… y allí quedé inutilizado durante unos instantes en los que a través de la mirilla veía la magia de unas manos tocando las notas justas y suficientes para que mi corazón latiera con fuerza, para que una lágrima hiciera que la imagen quedara desenfocada. Es la magia de Balmorhea en concierto. Es la magia de una de esas bandas que atrae a un pequeño público en una ciudad de medio millón de habitantes. Pero ellos están en sus casas mirando culebrones, salsas rosas y resúmenes futbolísticos sin saber que algo demasiado grande está sucediendo en su ciudad. Y no pude disparar, no pude hacer la foto porque el silencio creado entre las notas era tan mayúsculo que yo no era nadie para romperlo. La otra vez que me sucedió fue con Peter Broderick y espero volver a sentir lo mismo más veces, porque la música se puede fotografiar, pero la magia a veces no se deja.

Nieve de Primavera… la banda sonora

Hacía tiempo que no disfrutaba tanto creando, sí… CREANDO… y lo hice en la mejor compañía.

En marzo rodé imágenes para un proyecto personal, mi primer corto de ficción filmado después de haber escrito el guión. Y mis ex-alumnos diréis “pero Alvaro en sus clases siempre dice que primero va el guión y luego se rueda…” Pues es mentira! Alvaro siempre ha rodado imágenes y luego ha puesto orden, música, voz… como con “Grècia és meravellòs, veritat?” que lo rodé porque el lugar me gustó y acabé ganando el concurso de “En Construcción” de Televisión Española. En Aubrac, donde grabé “Nieve de Primavera”, primero se escribió el guión y luego preparé cada plano, cada localización… para acabar teniendo un guión técnico y un plan de rodaje detallados. Fueron cuatro días de en unas condiciones climatológicas muy duras.
Ahora, con Ainara en casa hemos decidido trabajar seriamente en la banda sonora. Hemos empezado con lo que teníamos a mano, una guitarra, el glockenspiel, unas piedras de brasil, las calimbas… pero nos faltaba un sonido de piano. Entonces me he acordado de Isaac, el vecino, que tiene un piano fantástico y hemos ido a buscarlo. Entre él y yo lo hemos llevado hasta mi estudio para jugar con él. Ni Ainara ni yo somos pianistas, pero con unos post-it y unas cuantas chuletas hemos conseguido crear la banda sonora que teníamos en mente. Hemos trabajado 2 días viendo cada plano, cada secuencia, probando, escuchando, grabando, repitiendo, matizando… Me ha encantado trabajar con Ainara, con la que llevo colaborando desde hace tantos años pero nunca durante el proceso creativo. Aquí os dejo algunas fotos de estos días de trabajo, y pronto, compartiré el proyecto acabado.

Es hora de recoger…

Desde que vivo en la aldea tengo una necesidad casi obsesiva de documentar todo lo que pasa a mi alrededor….

Tengo la sensación de que se acaba una forma de vida, de que nada de lo que está pasando va a volver a suceder… Ayer, mientras regaba el huerto vi a dos niños con un puñado de ovejas. Los dos jugaban con sus aparatos móviles mientras los animales iban a su aire. Recordé las sabias palabras de Claudio, Ignacio, Juan José… en mi documental “Cuentan los que quedan”, y de eso ya no queda demasiado. Hoy he ido a casa de mis vecinos en su último día de vendimia. He podido captar los últimos racimos, las últimas uvas antes de convertirse en vino, vino de aldea, vino sin etiqueta, vino con olor a madera, a manos, a campo, a historia… y he sido feliz, una vez más, de poderlo ver, no como un forastero que pasa sino como un vecino y un nuevo gallego.