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Fresas de Carmen para Nanook

Hoy Nanook ha recibido un regalo de Carmen, nuestra entrañable vecina. Un plato precioso de fresas. Sus fresas. Porque Carmen, siempre que trae algo, es de su huerto. Y siempre que es para Nanook está seleccionado con todo el amor del mundo.

Le he preguntado a Carmen si mi pequeño podía comer fresas y su respuesta ha sido “Sí, claro, a los niños les puedes dar de todo”. A partir de ahí hemos mantenido una conversación que me ha hecho reflexionar un poco. En la aldea daban leche de vaca pura a sus hijos desde el primer mes de vida. De lo que comían los padres, comían los bebés, ya fuera lenguado, pollo, conejo, judías, cebollas, ajos… todo machacado con el tenedor, que no había tiempo para milongas! Por un lado he pensado que los tiempos han cambiado, que la ciencia ha descubierto cosas como los problemas con el gluten, las alergias… y hemos avanzado, pero por otro lado he pensado en mis vecinos de 70 años, cargando día tras día cientos de kilos de leña, cavando zanjas en sus huertas, dando de comer a las cabras y trepando a los árboles para cortar las ramas estropeadas. Están sanos, y han ido al médico menos veces en su vida que las que he ido yo en el último año. Me pregunto, ¿no nos estaremos pasando?

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Vigo Transforma

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Es sábado y asisto a una de las grandes jornadas musicales del Vigo Transforma en su primera edición. El cartel anuncia artistas y bandas como Devendra Banhart, Jeff Tweedy (Wilco), Love of Lesbian, Fanfarlo… y a solo diez minutos de casa. ¿Veis? en la aldea no se vive tan mal.

La primera sensación al entrar en el recinto del festival es la de algo bien organizado, que digo… perfectamente organizado y con todos los detalles cuidados. Solo tenéis que entrar en su web para ver que es así. Triángulo de Amor Bizarro calientan motores con más público del que uno pueda imaginar en una maratón de conciertos que empieza a las 7 de la tarde. Pero no os engañaré, yo estoy aquí por Devendra. El exfolkie aparece acompañado de demasiados músicos y eso me da mala espina… 1, 2, 3 canciones para darme cuenta de que efectivamente no es el concierto que imaginaba. Calma, magia, colores cálidos, humo… es lo que siento al pensar en Banhart y aquí solo puedo ver una banda de rock liderada por un tipo que no parece esforzarse demasiado para sacar su particular estilo a relucir.

El último golpe de batería da paso a los primeros acordes de Jeff Tweedy, el líder de Wilcoque viene acompañado de 6 guitarras en diferentes afinaciones y una armónica. El público reconoce todas las canciones con tan solo unos acordes, él responde con pequeñas sonrisas mientras el sol atlántico le golpea en la cara. Un gran concierto, de un gran hombre.

Es el momento de Love of Lesbian. Los miles de asistentes corean sus himnos mientras las luces en el escenario empiezan a coger color. Una tras otra, las canciones van haciendo subir el ritmo del festival. Los catalanes cierran el concierto tirándose literalmente uno a uno al público. Es muy tarde para mi, el pequeño Nanook no entiende de conciertos y a las 7 de la mañana va a pedir mis brazos y besos, y no quiero que me piten los oídos mientras me abraza. Buenas noches.

 

Atardecer de San Juan

Cuando tenía 14 años monté mi primer grupo de pop. Cantábamos en catalán porque nuestros referentes cantaban en mi segunda lengua y estábamos en plena explosión de lo que más tarde se llamó “Rock Català”. Recuerdo una de nuestras letras, que escribió mi vecino y compañero de banda Oscar Ruiz, y que se convirtió en la canción del verano del 91 entre nuestros amigos.

La nit de Sant Joan, milers de fogueres al teu voltant, si no ho pots entendre no tinguis pressa, la nit és màgia i t’ho ensenyarà.

La canción hablaba de la noche de San Juan, esa noche tan especial que estés donde estés siempre es mágica. Ahora que han pasado tantos años y he dado tantas vueltas, me gusta recordarla, y recordar aquellas hogueras en el barrio quemando trastos viejos, maderas que recopilábamos durante semanas…Os dejo con una foto del atardecer que estoy viviendo ahora, en esta tarde especial que se acaba y que me recuerda que al otro lado del mar está mi casa, mi Mediterráneo, mi infancia.

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El curro de Morgadans

En Morgadans hay caballos que pastan de forma totalmente libre por los montes. Una vez al año sus propietarios los reúnen para desparasitarlos, identificar y marcar a los potros y contabilizar las pérdidas del invierno.

Es sábado por la noche. Subo a los montes que rodean mi casa para conocer un poco los detalles de la gran fiesta popular de mañana: “El Curro de Morgadans“. Este es un gran evento etnográfico del que se cuenta tiene orígenes ancestrales. Decenas de personas galopan con sus caballos, otros beben licor café y algunos descansan durmiendo con mantas entre los árboles. Hoy ha sido una larga jornada. Durante horas, los ganaderos han buscado el centenar de caballos que habitan los montes y los han reunido en un vallado en el alto del monte. Es el único día del año que los equinos dormirán encerrados.

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Es domingo. El bebé me ha despertado un poco antes de lo habitual, así que he aprovechado para subir a las montañas antes de lo previsto y disfrutar del amanecer de uno de los días más largos del año. Al llegar a los montes de Morgadans los primeros rayos de sol se filtraban entre los eucaliptos. He subido andando en silencio, abrigado del frío de la mañana. En el camino, grupos de vacas pastaban en el valle con vistas al Atlántico. Al fondo, las islas Estelas de Baiona y las Cíes de Vigo. Quisiera ser animal y habitar este lugar.

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He llegado demasiado pronto al lugar de la cita de los mozos. Extiendo mi camisa en la hierba e intento recuperar el tiempo de sueño que me falta. El sol me golpea la cara a pesar de  ser pronto. El viento puro y helado de montaña me refresca. El viento me hace soñar en la libertad. 100620_curro morgadans_043.jpg

Una vez reagrupadas las manadas junto a la puerta del cierre se abren las vallas y las decenas de voluntarios que se han sumado empiezan a llevar a los caballos monte abajo, hacia el curro, hacia los cientos de espectadores. Durante algo más de una hora recorremos el camino. Momentos de tensión y griterío son los protagonista de la bajada. Algunas yeguas quieren huir entre los huecos que se crean en la gran cadena humana.

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Cada vez más gente forma este cordón. Nos acercamos al curro. El polvo casi no me deja ver. El calor cada vez es más fuerte. El olor a sudor y tierra se pegan a mi ropa. Casi sin darme cuenta los caballos están metidos en el curro. Allí, aún queda el duro y peligroso trabajo de separar a los potros. Además de evitar que sean aplastados por los adultos, servirá para marcarlos e identificarlos. Los propietarios los distinguen por las marcas en la cara y las patas. Hay momentos en los que el hombre debe luchar literalmente contra los animales para poderlos inmovilizar. El forastero puede creer que hay algo de salvaje en esta práctica. Es pura supervivencia. Es pura historia. Auténtica tradición.

El cansancio hace que no me quede más tiempo en estos montes festivos. En esta ocasión no veré como graban a fuego las marcas de cada uno de los propietarios a los lomos de los animales. No veré tampoco la lucha por cortar las crines. Tendré ocasión de volver

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Fin de semana en el Festival de Cans

Si no habéis oído hablar del Agroglamour es que nunca habéis estado en el Festival de Cans.

Este fin de semana lo he pasado en Cans, una pequeña aldea donde este año han celebrado la VII edición de su festival audiovisual. Allí cada año se acercan directores noveles, actores freaks, personajes del mundillo y algún que otro conocido… este año Luis Tosar ha inaugurado el Torreiro das Estrelas. Si tenéis oportunidad, pasad algún año!

El reflejo de las Cíes

Hoy, el día está dudoso, como todo este comienzo de primavera. Uno no sabe en qué momento puede salir el sol o puede empezar a diluviar. Estos días, muchas veces, son los que te regalan una tarde mágica, llena de contrastes, de diluvios soleados, de arcoiris… y hoy, cuando he salido a pasear me he encontrado con que las Cíes parecían estar suspendidas en el aire. Llovía lejos, tan lejos que uno no se mojaba mientras contemplaba el espectáculo que daban las gaviotas al sentir la lejana amenaza. Una vez más he llegado seco a casa.

Mirades de Cargol: Fragas do Eume, amors prohibits

En las Fragas del Eume viajamos río arriba para llegar a pequeños templos perdidos entre árboles. Leyendas de amores imposibles nos llegan al alma mientras serpenteamos por húmedos caminos a la vera del río.

En el capítulo de hoy de mi programa de tv Mirades de Cargol viajamos cerca, muy cerca, a las Fragas do Eume, en Galicia.Texto en castellano:

Mi sueño de hoy me despierta en las fragas del eume, entre la costa de la ría de ares y la sierra del Cadal da Loba.
El río Eume es mi aliado en estos bosques de fábula.Camino, escucho los cantos de sus meandros acariciar las rocas y los líquenes de este humedal, intento identificar las hojas de sus arboles ancianos: entre amarillos primaverales distingo alisos, robles, olmos y acebos que tamizan la luz velada que alimenta este longevo ecosistema. Sus aguas verdemarinas columpian reos migratorios, truchas y anguilas, visibles solo para el viajero paciente.
La temperatura siempre constante y el frescor de las Fragas, licúa estos verdes de leyenda, camuflando los helechos, líquenes y musgos milenarios, testigos de un remoto pasado. Rio Eume que nace en la Terra do Xistral y canturrea todo su recorrido hasta morir bebiendo el mar salado en la cercana Pontedeume. Vertebra con su caudal estos bosques de sonidos eternos: pájaros carpinteros y petirrojos que me susurran de amores prohibidos y de monasterios perdidos, como el de Caaveiro.
paseo….
Por la mañana la niebla difumina su silueta, espero….por fin, con el calor del sol, el monasterio de Monfero se me revela en toda su elegancia románica! Su fachada barroca de sillares ajedrezados promete una visita reveladora, así que elevo mi espíritu hacia su cúpula barroca sin ningún miedo, tan solo el deseo de oler este paz de incienso. Recorro sus claustros perseguida por los ecos de mis pasos. Mis respetos ante la tumba de los Andrade, mientras mi imaginación se desata entre este granito monumental y me transporta de nuevo al pasado, a la triste historia de los atormentados amantes Mauro y Elvira, encerrados en los húmedos subterráneos del próximo castillo de Andrade.
vadeo…..
La vida sin prisa, el olor a libertad y el tiempo infinito de los sueños son los tesoros que me regalan estos parajes de paz.
La noche me sale al encuentro en el bosque de Forgoselo, rodeada de ternura y crines teñidas por los últimos rayos del divino astro. Lentamente el silencio oscuro se funde con los cabellos de estos salvajes, apaciguados ya por el canto de los grillos y el arullo de las cigarras. Sus siluetas se desdibujan en el naranja del ocaso, así que cierro mis ojos en una espera de luto hasta despertar mañana en un nuevo cuento.

Escapada a la arribada de Baiona 2010

En Baiona, cada año se celebra la “arribada” de la Pinta, la carabela que trajo la notícia del descubrimiento de un nuevo mundo.

Este año hemos decidido volver a bajar a Baiona durante el fin de semana de la arribada. Digo “bajar” porque lo tenemos al ladito de casa, vemos su puerto desde la ventana. Durante dos días, la ciudad se viste de medieval para celebrar lo que sucedió en 1493, la llegada de la Carabela que traía la noticia del “descubrimiento”. Para conmemorarlo, representaciones teatrales en la playa, gastronomía tradicional, espectáculos y gran participación popular ya que se puede ver a la mayoría de gente vestida de época. Para mí, lo mejor, siempre, las filloas, eso que es como una crepe pero que aquí te defienden que no, que es otra cosa. Pasen y vean…

El tiempo y el ‘yo’

“el tiempo es una condición vinculada a la existencia de nuestro ‘yo’” (andrei tarkovski)

¿Qué és el tiempo? anoche, leía la página 77 de “Esculpir en el tiempo” e intentaba comprender las densas reflexiones que el director de cine ruso hace sobre el tiempo. Sigue… “el tiempo es imprescindible para el hombre, para constituirse como tal, para realizarse como individuo”. Hoy me he despertado y he llevado al pequeño Nanook al comedor, junto a la chimenea recién encendida, mientras mi café humeaba y mis tostadas con mantequilla casera de kiwi esperaban el primer bocado. El pequeño y yo nos hemos mirado y nos hemos reído, como cada mañana. Solo tiene cuatro meses, recién cumplidos y ya me parece que llevamos juntos toda la vida. Pero cuando sea mayor, Nanook no se acordará de nada de lo que estamos viviendo ahora, y me he sentido un poco triste. No recordará nuestras risas cómplices; no recordará el olor a leña húmeda ardiendo mientras fuera hace un frío de mil demonios; no recordará la textura de mi chaqueta cuando le abrazo… Ahora el pequeño vive en un mundo irreal, de absoluta felicidad, porque el tiempo, su tiempo no existe, no pasa, ni se congela, no se detiene, ni avanza… Nanook es feliz, y yo mientras le observo. El café está frío, pero no me importa. Le quiero.

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Pequeños tesoros

Siempre me ha gustado fijarme en los packagings caseros de regalos. A veces, son auténticos tesoros que uno no sabe si abrir.

Hay gente que es una verdadera artista envolviendo regalos, y la tita Aini es una de ellas. Cuando recibes un paquete con su remitente sabes que el contenido te va a gustar, a encantar, a sorprender, a hacer volar… pero el continente, “oseasé”, el pakaging es siempre tan bonito que a veces no sabes si quieres abrirlo o dejarlo ahí como si fuera un tesoro. Estos tres paquetitos que acabo de recibir los comparto con vosotros… pero solo el continente, el contenido me lo guardo… Dejad que a veces tenga secretos.

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