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San Roc en Alaró

Las fiestas de San Roc son las populares de mi pueblo natal en Tarragona, pero también las de Morgadans, la aldea donde vivo… este año no las celebro ni en un sitio ni en otro. Me encuentro en Alaró, en el interior de Mallorca para conocer a los “Cossiers”…

Dicen que para disfrutar de verdad de una fiesta popular mejor asistir con gente del lugar que te cuente los secretos. Nosotros tenemos la suerte de estar con los recién conocidos Agnès, Ariadna y Toni que nos van a hacer de anfitriones de esta gran fiesta de color y música.
Es lunes por la mañana, llegamos a Alaró con Joan Pau y Neus para encontrarnos con el resto de amigos. De fondo escuchamos un instrumento desconocido, pronto descubriremos que son un xeremies y un fabiol creando unas melodías alegres y festivas. Entre el montón de gente veo a los protagonistas de la fiesta, los “cossiers” . Estos danzarines tan simpáticos son una dama, tres parejas y un dimoni. Todos ellos son jóvenes vestidos con faldas de una belleza tan grande que lo que aparentemente tendría que ser ridículo se convierte en elegante. Se acompañan también de unos pañuelos y abanicos que utilizan como complementos durante la danza. Después de cada “paso” revisan todo su atuendo con precisión.

El espectáculo se da por las calles del pueblo y siempre frente a las puertas de las casas de gente especial, ya sea el alcalde, el párroco, las casas de los propios cossiers… y en cada una de ellas, después del baile entran a beber y comer mientras el resto de mortales esperamos fuera deseosos de más.

Enhorabuena a los cossiers que han luchado por esta hermosa fiesta que algunos prohibieron. Enhorabuena a la dama de este año por ser su primera vez y llevar el baile con tanta belleza. Enhorabuena a Agnès por el pollo relleno tan rico del final de fiesta!

Atura en carro que vull baixar…

Llegan las vacaciones de verano. Este año Mallorca y Menorca serán los destinos elegidos.

Hoy vamos a empezar la jornada visitando la Serra de Tramuntana y algunos de sus pueblos. Acompañado de Joan Pau y Neus, y montados en una vieja furgo Volkswagen ponemos dirección a Valldemossa, población conocida por haber tenido a Chopin como huésped durante los últimos años de su vida, aunque ahora se la conozca más por tener a Michael Douglas como vecino vacacional.

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Las calles de la pequeña población están llenas de banderolas de fiesta mayor. Es curioso enterarse que son todas blancas porque casi siempre llueve en estas fechas y las banderolas de colores desteñían y acababan chorreando de tinta a los visitantes. A veces lo funcional hace mejorar lo estético sin que nadie se de cuenta. De Valldemossa salimos hacia Deià mientras los rayos de luz empiezan a teñirse de dorado. En estos pueblos todavía puedes respirar un poco de paz mientras la gente está apelotonada en las playas buscando un metro cuadrado para colocar su toalla y esta población es mucho más tranquila que la primera. De Deià salimos hacia la Punta de sa Foradada para disfrutar de una puesta de sol de verano. La vuelta la hacemos cantando canciones a Nanook, canciones de nuestra infancia, y canciones medio inventadas, pero la que más le gusta al peque es una popular de taberna que nos ha enseñado el mestre Joan Reig durante las decenas de pruebas de sonido que hemos soportado junto a él.

Atura el carro que vull baixar perquè tinc ganes d’anar a cagar.Caga’t a la gorra Bartomeu, caga’t a la gorra a fe de Déu,caga’t a la gorra que tot el que caguis serà teu.(La Jota del Peix Barato, tradicional catalana)

Micah P Hinson. “Seven Horses…”

El otro día compartí con vosotros algunas fotografías del concierto de Micah P Hinson en la Sala Mondo de Vigo. Ahora os he subido un montaje de vídeo que he hecho a partir de algunos planos que grabé entre foto y foto. La canción que he utilizado para acompañar no es de sonido directo, he escogido Seven Horses Seen Or Through The Hours, Still Comes Another Day, que me parece una delicia. Disfrutad!

Desconectar de la desconexión. Cáceres, Sierra de Gata y Los Barruecos.

Puedo parecer masoquista, o un poco aburrido, pero cuando quiero desconectar de la vida en la aldea, cuidar el huerto, pasear con Nanook entre eucaliptos, y el cantar de los pájaros, solo puedo ir a un sitio similar. No sé si lo normal sería meterme en Londres o New York para tener la dosis de tráfico, luces de neón y olor a asfalto necesaria para sentirme un ser humano. No puedo.

He bajado unos días a Cáceres y la Sierra de Gata. El entorno es tan diferente a mi día a día que el entretenimiento visual está servido. Cáceres ciudad, además, ofrece una particularidad que me parece exclusiva ya a pocas ciudades de este país absurdo: no está rodeada de polígonos industriales, carrefoures, leroysmerlines y buffalosgrilles… y sin salir de la propia ciudad, aún puedes ver espectáculos como éste que os muestro en las fotografías con los caballos. En Los Barruecos Nanook sigue mostrando fascinación con cualquier planta que se mueva su alrededor. Puede estar horas observando una encina mientras comemos debajo de ella. Y las cigüeñas que planean sobre su cabeza se convierten en un divertimento inusual. Este lugar es tan extraño como la primera vez que vine. Cualquier amante del arte moderno y la naturaleza tiene que visitarlo alguna vez.

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Viajando en primavera por la región del Lózere

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Mirades de Cargol: Fragas do Eume, amors prohibits

En las Fragas del Eume viajamos río arriba para llegar a pequeños templos perdidos entre árboles. Leyendas de amores imposibles nos llegan al alma mientras serpenteamos por húmedos caminos a la vera del río.

En el capítulo de hoy de mi programa de tv Mirades de Cargol viajamos cerca, muy cerca, a las Fragas do Eume, en Galicia.Texto en castellano:

Mi sueño de hoy me despierta en las fragas del eume, entre la costa de la ría de ares y la sierra del Cadal da Loba.
El río Eume es mi aliado en estos bosques de fábula.Camino, escucho los cantos de sus meandros acariciar las rocas y los líquenes de este humedal, intento identificar las hojas de sus arboles ancianos: entre amarillos primaverales distingo alisos, robles, olmos y acebos que tamizan la luz velada que alimenta este longevo ecosistema. Sus aguas verdemarinas columpian reos migratorios, truchas y anguilas, visibles solo para el viajero paciente.
La temperatura siempre constante y el frescor de las Fragas, licúa estos verdes de leyenda, camuflando los helechos, líquenes y musgos milenarios, testigos de un remoto pasado. Rio Eume que nace en la Terra do Xistral y canturrea todo su recorrido hasta morir bebiendo el mar salado en la cercana Pontedeume. Vertebra con su caudal estos bosques de sonidos eternos: pájaros carpinteros y petirrojos que me susurran de amores prohibidos y de monasterios perdidos, como el de Caaveiro.
paseo….
Por la mañana la niebla difumina su silueta, espero….por fin, con el calor del sol, el monasterio de Monfero se me revela en toda su elegancia románica! Su fachada barroca de sillares ajedrezados promete una visita reveladora, así que elevo mi espíritu hacia su cúpula barroca sin ningún miedo, tan solo el deseo de oler este paz de incienso. Recorro sus claustros perseguida por los ecos de mis pasos. Mis respetos ante la tumba de los Andrade, mientras mi imaginación se desata entre este granito monumental y me transporta de nuevo al pasado, a la triste historia de los atormentados amantes Mauro y Elvira, encerrados en los húmedos subterráneos del próximo castillo de Andrade.
vadeo…..
La vida sin prisa, el olor a libertad y el tiempo infinito de los sueños son los tesoros que me regalan estos parajes de paz.
La noche me sale al encuentro en el bosque de Forgoselo, rodeada de ternura y crines teñidas por los últimos rayos del divino astro. Lentamente el silencio oscuro se funde con los cabellos de estos salvajes, apaciguados ya por el canto de los grillos y el arullo de las cigarras. Sus siluetas se desdibujan en el naranja del ocaso, así que cierro mis ojos en una espera de luto hasta despertar mañana en un nuevo cuento.

Mirades de Cargol: Costa de Moçambic, els riures dels nens

De los 13 capítulos que conforman esta primera jornada de Mirades de Cargol, el programa que dirijo y produzco, el de Mozambique es el que más me emociona por todo lo que ha supuesto ese viaje por tierras malgaches.

Esta semana se ha emitido en la XTVL el programa correspondiente a la Costa de Mozambique en Madagascar. Recorriendo aldeas como Ifaty o Andavadoaka podréis navegar por aguas cristalinas y revivir en un viaje lleno de sonrisas.Aquí tenéis el texto en versión castellana:

Hace tiempo necesité salir a buscar. Algo en mi interior me catapultaba hacia adelante como movida por un resorte mágico de añoranza…¿pero qué era eso qué mi alma me pedía encontrar?
En Tulear esperé la salida del sol, ansiosa por preguntarle a la luz del alba, a los sonidos de la mañana…
No encontré respuesta. Quizás en Ifati podría dar con alguna pista, así que me transporté en un viaje rudimentario y volví a escuchar el nacimiento del día. El cálido naranja vespertino me susurró de la infancia, de la inocencia, de las sonrisas regaladas…y seguí preguntando…¿dónde estaba aquella sensación perdida, aquel recuerdo de felicidad gratuita?
Alguien me dijo de Andavadok, así que allí esperé de nuevo el desperezar del amarillo… y le hablé, ansiosa por saber: ¿dónde se ocultaba?
Supe entonces del esfuerzo por la supervivencia, del amor orgánico de la maternidad ancestral, del azul del cielo tiñendo con sus reflejos este mar espejo, de las noches tejidas con constelaciones eternas. Pude escuchar el cansancio de los barcos regresando para encontrar su lecho de arena, después de una jornada de viento y salitre. El recuerdo de una niñez olvidada vistió entonces los rostros de una alegría sincera. El vuelo de dos almas libres me hicieron recordar…poco a poco mi piel empezó a olfatear aquella idea olvidada, aquel tacto de inocencia aterciopelada. Como un viejo perfume del pasado, comenzó a introducirse por cada uno de mis poros, a recorrer el torrente de mi sangre entumecida, a ocupar las ancianas articulaciones de mi razón adulta, a descontar los años de mis edades cumplidas… hasta que llegó al centro mismo de mi corazón de hojalata…y como brasa al rojo vivo lo fundió en luz de ilusión dorada.

Como elfos en Bellmunt

Durante dos días y dos noches he vivido como los elfos de un bosque en Bellmunt, cerca de Sant Pere de Torelló.

He pasado una semana en Barcelona ciudad porque tenía que impartir clases en varios talleres, workshops y postgrados de tres universidades catalanas. En cuanto he tenido la oportunidad y un hueco de 3 días en mi calendario docente de este mes de marzo he salido con la casa a cuestas hacia Bellmunt, muy cerca de Sant Pere de Torelló. He aparcado justo a los pies del santuario y la cruz inmensa que presiden este monte de más de 1200 mts de altura y desde el que se puede ver toda la plana de Vic. Por la mañana la niebla es tan intensa que no te permite ver más de tres árboles seguidos, pero la sensación es tan mágica que caminas y caminas hasta que la manta espesa se va disolviendo y poco a poco el bosque te va presentando toda su belleza. La banda sonora que acompaña a todo este espectáculo está compuesta de pájaros pequeños y de campanillas de vacas que pastan ahí abajo. El cromatismo se reduce a tonalidades cálidas, aquí no hay lugar para los fríos.
Es así como durante dos días y dos noches he sido un elfo de un bosque encantado, residiendo en mi pequeña cabaña con vistas al mar de niebla que lo inunda todo.

Mirades de Cargol: Marken, marea, brea i salnitre

Marken es uno de los muchos pueblos que se extienden por el norte de Holanda, con sus casas de color de brea. Allí pasé mis últimos días antes de que llegara Nanook al mundo, y allí rodé esta pieza para mi programa de televisión Mirades de Cargol.

Esta semana la XTVL ha emitido el capítulo correspondiente a Marken, un precioso pueblo cercano a Amsterdam y rodeado de mar. Allí el viento me salpicó la cara mientras intentaba imaginar cómo sería ser papá.El texto, dice así:

Marken aparece barnizado de olor a brea. Espío sus callejuelas decoradas de casas marineras buscando al anciano de algún Heminway del pasado. El marinero de piel tostada y salitre en la mirada. De brazos nudosos y cabellos de algas. En cada ventana imagino su mirada celeste perdida en el horizonte, recordando sus días mozos. Los días de las madrugadas heladas en que salía en su barca con su aparejo y sus ideas de libertad como únicas compañeras de viaje. Los días de las jornadas de lluvia calada en que regresaba sin cosecha que vender en el puerto. Eran días de calor absorvente, nuca abrasada y llagas de viento. Días de taberna en la noche para calmar la soledad con tragos de licor barato… Aquellos días de anhelo amoroso que nunca llegaba, de instinto paterno ya caduco en la espera…
Días, meses, años…toda una vida regalada a este mar norteño. Ilusiones robadas por las mareas de invierno. El otoño en la espalda de este viejo deshecho, vadeando en su barca, ya ciego, ya torpe en su empeño.
Olas jóvenes tomando el relevo de sus días pasados en otros mares; nuevos peces cantarines burlando su anzuelo. Espuma de mar besando la arena en su vaivén coqueto, mientras esta se seca de pena esperando un nuevo beso. La luna alcahueta manejando su ritmo de encuentros.Y el viejo ya enfermo resignado en tierra, con pies de barro caminando tierra de asfalto. Escuchando la nana del faro como niño anciano. Durmiendo por fin en su lecho de madera y delgado fieltro y soñando con estelas de azul eterno.

Mirades de Cargol: Amalfi, Pomeia, Alberobello, el palpitar del Vesuvi

En este capítulo de Mirades de Cargol, conoceremos la costa de Amalfi, que tiene como protagonista pequeños templos de culturas lejanas en el tiempo.

Mi programa de televisión se sigue emitiendo en las teles catalanas, y yo os voy poniendo los nuevos capítulos aquí para que los podáis seguir. Esta semana toca la pieza que rodé en noviembre de 2007 en el sur de Italia. En Pompeya me recreé en sus texturas, sus frescos y capiteles, imaginando la vida que bullía en sus calles en otros tiempos. Incluso llegué a imaginar el latir del volcán durante aquellos históricos minutos de fuego. Las imágenes hablan por sí solas.Aquí tenéis el texto en castellano, escrito por Raquel…

El verano tardío se resiste a despedirse en esta mañana de Noviembre, mientras un pequeño atrevido juega en la orilla de este mediterráneo generoso. Amalfi comienza en la ladera de una montaña y se extiende hacia el cielo, buscando la luz. Templos de otras culturas salpican este luminoso decorado. En la orilla el arte de un pincel anónimo atrapa mi atención, por lo mínimo de sus trazos. El ocaso llega en violeta floreado y lo observo desde lo alto deseando ser pájaro.
Pompeya es semejante a nada. Nunca la hubiese inventado así. Como en un sueño he podido volver al pasado e imaginarme en el Teatro Píccolo recitando a Aristófanes, o en los jardines de la casa del Menandro cuidando las flores, incluso en el foro asistiendo a una asamblea popular rodeada de pretores y senadores…porque Pompeya es el pasado hecho realidad, donde está perfectamente pensado y previsto: el sistema de calefacción, el trazado de las calles en perpendicular, la distribución de las casas… De pronto una fuente en el camino me hace pensar en animales tirando de carros, reposando después de una dura jornada y en mercaderes refrescándose frente al Vesubio. En cada esquina elegantes termas ofrecen respiro y hedonismo. Unos metros mas abajo el circo reclama público mientras las fieras esperan su turno asesino. Ecos de otros tiempos, de otros universos se confunden con los ecos de mis pasos recorriendo estas cuadrículas Imperiales.
La luz pompeyana me acompaña de forma celestial mostrándome cada estancia, descubriéndome sombras orgánicas en las paredes milagrosamente resistentes al paso del tiempo. Estucados de colores favoritos engalanando las cornisas y capiteles bordados con cadenetas de hojas volcánicas alegran los pilares de este universo casi impensable. Y mientras camino, escucho historias..las historias de las vidas sepultadas bajo la lava. Vidas que nacieron, amaron, sufrieron y murieron entre estas piedras que hoy se muestran alegres de contarme sus recuerdos mientras un generoso sol italiano nos la presenta maquilladas en dorado. Así, paseando y escuchando estas voces del pasado pienso en el tiempo transcurrido, ese tiempo de los momentos en que te sientes vivo, el tiempo de los sucesos importantes, el tiempo que nos deja huella, el tiempo de las sensaciones que permanecen para siempre.
Los robles nos reclaman ya en Alberobello o Arboris Bellis, una aldea de curiosas casa circulares que debe su nombre a un bosque de ancianos “carballos”. Las preciosas construcciones autóctonas  aquí se dicen  Trulli. Encaladas en un blanco pulcrísimo aparecen perfectamente ordenadas en barrios de fábula. En sus tejados de pizarra muestran amuletos dibujados para proteger a sus moradores. Un poquito más arriba una abuelita de papel cebolla teje bufandas de colores y nos  mira desconfiada. Huelo el frío invernal que asoma después de un ocre otoño y le sonrío. Estoy preparada para recibirle…