Micah P Hinson. “Seven Horses…”

El otro día compartí con vosotros algunas fotografías del concierto de Micah P Hinson en la Sala Mondo de Vigo. Ahora os he subido un montaje de vídeo que he hecho a partir de algunos planos que grabé entre foto y foto. La canción que he utilizado para acompañar no es de sonido directo, he escogido Seven Horses Seen Or Through The Hours, Still Comes Another Day, que me parece una delicia. Disfrutad!

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Micah P Hinson en la Sala Mondo de Vigo

La primera vez que ves a Micah P Hinson en el escenario piensas que al rarito del instituto le acaban de comprar una guitarra de 30 euros en el Carrefour y va a empezar a tocar Hotel California.

Micah empieza a mover su mano derecha. Su vieja guitarra empieza a sonar. Su música es la banda sonora de tu historia de amor. Su voz la tienes clavada recordándote los mejores momentos de tus últimos 3 años. Sus letras son duras pero a veces prefieres no descifrarlas y dejas que te acaricien por dentro.Micah no es el rarito del instituto. Resulta que mientras tú estudiabas derivadas y declinaciones del latín el jovencito estaba en la cárcel por tráfico de medicamentos y drogas. Eso, el tabaco y un don divino hacen que de su garganta aparezcan unos graves que pueden con todo. Si cierras los ojos crees estar escuchando los últimos momentos de Johnny Cash. Pero no quieres empezar a compararle con los genios de la época de tus padres. Quieres pensar que es un genio de ahora, de tu tiempo. Y sigues escuchando…El concierto es largo, tanto que Micah va mirando su reloj de vez en cuando para no alargarse demasiado, no porque quiera irse a su Hotel. Nadie le espera. Su mujer, le contempla como uno más entre el público. En su interior, un pequeño Micah está acunado por la voz ronca de su padre. Le dedica una canción y le declara su amor. Gira el micro y la mira. Me siento un voyeuren este momento. Me siento un afortunado.

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Sidonie en Vigo, crónica de un incendio multicromático

Son las 18.30 de la tarde y estoy en el Auditorio de la Universidad de Vigo. No, no he venido a hacer una charla, ni un workshop, ni nada que tenga que ver con lo académico, he venido a ver a Sidonie. ¡Sí, que pasa!

Creo que debe hacer años que no asisto a un concierto de pop-rock como público por el simple placer de escuchar a un grupo. Sidonieno me ha fallado. Verles tocar es como si asistieras a su primer concierto en el Instituto. Puedes observar esa complicidad de unos buenos amigos que llevan miles de horas de rodaje; unas ganas terribles de darlo todo y sobre todo unas tablas, que os gusten o no, son indiscutibles. Os ahorraré la crónica musical, no es mi fuerte. Pero compartiré más imágenes que nunca. Hoy he seleccionado más de 50 instantes del concierto. Casi nada.

Os diré que las fotografías están firmadas por mí, porque soy el propietario de la cámara y el que encuadraba-disparaba, pero la mitad del mérito, como mínimo es para el técnico de luces que vistió el frío espacio de hormigón en un recinto psicodélico en que cada canción era un nuevo viaje.

Todas las imágenes son de Alvaro Sanz, queda totalmente prohibido su uso sin respetar la “marca de agua” y citar la fuente. Ninguna de estas fotografías ha pasado por el Photoshop.

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Acunado por Callahan…

Hoy, como cada día, Nanook se ha acostado a las nueve. Pero hoy no estábamos solos en la habitación, hoy no había el silencio rotundo de cada noche, pero sí la oscuridad… la oscuridad de la voz de Bill Callahan.

Esta noche mientras sosteníamos a nuestro pequeñín, con sus cascos protectores, y le acunábamos para que durmiera, se ha encendido una pequeña luz, y ha aparecido Bill Callahan, uno de sus favoritos. La gente de SinSal es generosa con los tímpanos infantiles y a menudo nos hace regalos como este. Con los primeros acordes el bebé se duerme con una cara de absoluta felicidad. Las primeras canciones suenan en la sala. Bill Callahan, acompañado de un grandísimo Neal Morgan a la batería llena el espacio con su voz y nos toca el alma. Solo con las últimas canciones, Nanook da alguna patadita y nos pregunta entre sueños y con un gesto de bebé de 4 meses “qué está pasando”. Si pudiéramos hablar todos los que hemos llenado el auditorio le explicaríamos al angelito que duerme en mis brazos que a veces en la música aparecen genios, y el batería que acompaña hoy a Bill es uno de ellos. Buenas noches bebé, buenas noches Callahan, buenas noches Vigo…

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A ritmo de”Lo-li”

Siempre me he sentido apasionado por el mundo de las etiquetas musicales. Soy fan del absurdo en la Rockdelux por poner cosas como “Rock Macabro“, “Pop Sombrío” o “Expresionismo Noise“, pero lo de esta noche me ha tocado el alma…

Estoy en la cafetería de La Casa del libro, tomando un café y una albaceteña (pasta con miel) esperando que lleguen las 20.30 y salir hacia el Auditorio Caixanova para asistir al esperado concierto de Bill Callahan que organiza SinSal. Mientras leo el periódico veo un anuncio del evento y lo reviso por simple curiosidad. Resulta que el periodista especializado en músicas contemporáneas ha decidido etiquetar al señor Smog como el pionero del estilo “lo-li”. Se me ha atragantado la albaceteña. Por favor, señora, deme un golpe en la espalda que voy a morir. “lo-li”!!! Por mi cabeza pasa a toda velocidad al sr. Callahan haciendo una versión de “por la raja de tu falda…” y de “dame veneno que quiero morir, dame veneeeeeeno” con esa voz que le caracteriza. Entiendo, por suerte, que hablamos del “lo-fi”, y entiendo, que la F no está junto a la L en el teclado, por lo que el periodista, una vez más, ha buscado en la wikipedia o no tiene ni idea.

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Voces Femeninas 09

Asistir a un concierto organizado por Coconut es como organizar una buena comida entre amigos en el campo: tienes asegurada la mejor compañía y sabrosos platos.

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Hace días que veo por Vigo un cartel precioso y elegante con unos patos alzando el vuelo. El cartel anuncia uno de esos eventos que no quieres perderte por nada del mundo: Hello Saferide, Dawn Landes y Basia Bulat en el ciclo de Voces Femeninas 09 organizado por Coconut. Realmente todo lo que hacen los de Coconut es como si estuviera hecho a medida para mi, así lo sentí hace unos meses cuando descubrí a Peter Broderick en el Auditorio Caixanova. Hoy tampoco me fallan, y me hacen descubrir una Hello Saferide simpática y con letras cercanas. La sueca, periodista y cantante en los ratos libres, va acompañada de un personajillo capaz de tocar todos los instrumentos a la vez, de hacer unos coros que a veces eclipsan a la propia Annika y de dejarnos a todos enamorados por su dulzura en el escenario.

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A Basia Bulat le tengo cariño, mucho, desde la primera escucha, en 2007 de su disco “Oh, my darling” me cayó bien y desde entonces no he parado de escucharla. En el escenario no falla, acompañada de una amiga a la viola y su hermano a la batería, nos hace sonreír con sus letras y la expresión de su rostro.Vuelvo a casa con la sensación de que ha sido una noche perfecta, como una buena comida entre amigos en el campo.

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Peter Broderick en Vigo…

Está claro que Internet y los nuevos medios nos facilitan el acceso a la música, a las nuevas propuestas… pero no sé por qué cada vez me resulta más complejo encontrar grupos o artistas que me hagan poner los pelos de punta.

Porque yo no soy de bailar, ni de dar gritos en una discoteca para escuchar al de al lado mientras suena house a toda pastilla. Por suerte, el otro día me tocó ir a grabar un concierto de Peter Broderick, un desconocido para mí. Entré en el auditorio de CaixaVigo despacio, porque ya había empezado la primera canción; coloqué el trípode; encuadré; revisé el audio… pero aún no era consciente de lo que estaba pasando, de lo que estaba sonando en ese espacio habitado por tan solo un puñado de almas, un puñado de privilegiados que salimos extasiados por tanta grandeza. Me pregunto cómo un joven con camisa de cuadros subido a un escenario es capaz de tocar un violín mientras canta una melodía, pregrabarlo, lanzarlo al aire y reinterpretarlo con una guitarra y unos coros, y así, sucesivamente, crear una músicas, unas notas que quedaron suspendidas para siempre en el auditorio, y que después, el Sr. Chinarro se encargó de destrozar con su música parecida a un Sabina en decadencia. No hombre, no, el caviar no se mezcla con cocacola del Dia%…… y jamás, jamás en la vida había sentido tanto respeto a la hora de disparar mi cámara de fotos y hacer ruido con el obturador. Creía que iba a despistar al mago de los recursos sonoros, que mi “click” se iba a interponer en la grabación de loops y que iba a sonar infinitamente destrozando el tempo de las piezas… así que solo disparé una vez, una única vez para que Nanook vea el que fue su primer concierto, y lo recuerde para siempre, como seguramente haré yo.

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