Los marroquíes son unos expertos en reírse unos de otros y en comerciar, así que el mercado de Ounara es un buen lugar para ver estos y otros espectáculos.
Segundo día de rodaje. El mercado de Ounara se hace todos los domingos y vale la pena acercarse para contemplar los intercambios y las catas de animales que hacen comerciantes y compradores. Nos escondemos entre cientos de burros para captar la esencia de este mercado y disfrutamos como niños viendo cómo un buey gigante sale corriendo mientras un hombre de no más de 60 kilos intenta detenerlo. El espectáculo está servido, si una cosa saben hacer los marroquíes es reírse unos de otros.
Rematamos la mañana visitando un pequeño oasis en el que acabaremos comiendo un tallín riquísimo, el primero de todos los que vendrán.Por la tarde volvemos a Essaouira, para recorrer sus calles al atardecer, un espectáculo de color, con los cientos de gaviotas volando cerca del puerto, el sol cayendo sobre el mar y la gente paseando por la medina. Antes de caer la noche me distraigo con unos pollitos teñidos de colores que su dueño utiliza como reclamo turístico.





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